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El pelo, un gran aliado para la criminología

Como ya hemos comentado anteriormente en el blog, el pelo es un elemento vivo y participa de los múltiples cambios que se producen en el  cuerpo.

Desde hace  mucho tiempo los forenses conocen la fuente de  información que contiene y  almacena el  cabello. De hecho, grandes crímenes de la  historia han sido desentrañados por los cambios detectados en el pelo.

Típico es el envenenamiento largo y pausado del mercurio o el diagnóstico de envenenamiento por arsénico procedente de una intoxicación aguda, como relatan ya los escritos de Tito Livio y Tácito. Estos señalan al arsénico como veneno fundamental en la Roma Republicana, donde fue utilizado como arma política, y comentan los hallazgos posibles en cambios morfológicos del pelo. Otro caso famoso y aún en discusión es la muerte por arsénico de Napoleón.

El análisis del pelo permite saber datos tan relevantes como lo que se ha comido  y/o bebido,  los tóxicos a los que se ha estado expuesto, incluso tóxicos inhalados o aplicados sobre la piel, etc.

Investigaciones recientes indican que el pelo podría incluso ser un elemento de diagnóstico a patologías futuras como artrosis, psicopatologías e incluso determinados cánceres.

El pelo es capaz de almacenar información toxicológica de entre seis meses y un año en el ser vivo, e incluso más tiempo (en caso de fallecimiento por ingesta, contacto, inhalación o absorción de determinado toxico o veneno).

¿Cómo funciona este proceso? 

Sabemos que un adulto tiene unos 100.000 pelos en la cabeza, de los cuales un 10% se encuentra en fase telógena o de transición  y un 90% en fase anágena o de crecimiento.  Esta última etapa precisa de un gran aporte de sangre (nutrientes, oxigeno, etc.). Y todo lo que comemos, respiramos o aplicamos en la piel puede llegar al cabello a través de la sangre.

Al llegar a la matriz del pelo, se integra en él. Una vez que el pelo comienza a crecer hacia al exterior, se endurece y fija los elementos concentrados que le han llegado a través de la sangre, incluyendo los elementos tóxicos.

El cabello no solo acumula y fija determinados metales y minerales procedentes de la dieta, sino que también es capaz de fijar y guardar información sobre consumo de drogas como la cocaína. Puede también utilizarse para monitorizar otras sustancias en el organismo, como insecticidas, herbicidas, aditivos de comidas, agentes carcinógenos, tóxicos ambientales y sustancias terapéuticas.

El pelo, de tonto, no tiene nada.  Es como un libro abierto,  capaz de explicar muchas más cosas de nuestra vida de las que tal vez podamos imaginar…

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